Chile ya vive el cambio climático - Día del Medio Ambiente

Hoy se celebra el Día del Medio Ambiente. Y la mayoría de los chilenos pasa sus días sin percibir los efectos del cambio climático. Sin embargo, en caleta Las Peñas (en la Octava Región) bien saben lo que éste representa (ver en nota relacionada). Donde es más evidente la variación del clima es en Europa y Norteamérica. Los ríos se deshielan antes de tiempo, quienes viven en los Alpes ven cómo se retiran los glaciares y, en general, los veranos son más calientes y los inviernos, menos fríos. El calentamiento de la Tierra no es homogéneo ni parejo. Los océanos amortiguan el alza de la temperatura. El hemisferio norte, con mayor proporción de masa continental, se calienta más rápido que el sur. "Los efectos nos llegan más atenuados a Chile, incluso serán menos detonantes en los próximos decenios", asegura Patricio Aceituno. Este científico del departamento de Geofísica de la Universidad de Chile echa a correr modelos matemáticos para predecir los efectos del calentamiento global en nuestro país. De aquí a 20, 30 ó 60 años. Las acciones del hombre intensifican esta especie de baño turco en el planeta. Los volcanes, los bosques y otros factores naturales se unen a esos efectos. "Ambos, que interactúan y compiten, hacen más complejas las predicciones a escalas menores, de uno a diez años", dice Aceituno. Efecto albedo Los gobiernos -enfatiza- deben poner atención a estos hechos y los efectos locales provocados por los cambios en los usos de suelos. "No sólo el CO¯ y otros gases invernadero alteran el clima del planeta, también la eliminación de la cubierta vegetal al modificar el ciclo del agua", recalca. Es el efecto albedo. Con mayor vegetación, menor radiación solar se refleja al espacio. Queda más energía que la superficie de la Tierra absorbe. Aumenta la nubosidad y la precipitación. Y el circuito se realimenta. Cuando cae la lluvia, la vegetación arbórea, aun cerca de la cordillera y lejos del océano, permite que el agua quede en las hojas, se evapore y llueva. "Y a la inversa. Los pastizales en la Amazonia para criar ganado harán que esta zona sea una de las más secas del planeta. Más aún, cuando esa selva talada ataje menos dióxido de carbono", dice Aceituno. Estas variaciones golpearán a los productores de frutas y madera. "Alterarán por parejo a cultivos frutícolas y forestales del país", señala Fernando Santibáñez, doctor en bioclimatología y director del Centro de Agricultura y Ambiente de la U. de Chile. Sus investigaciones, que toman un plazo de 30 años y más, muestran que se alternarán eventos extremos, tanto de sequías como de lluvias. Con el aumento de la temperatura, entre 1,8º y 2º C, habrá años malos en los campos. "El trigo, sensible a la falta o exceso de agua, será el más perjudicado, bajando su producción", señala Santibáñez. Desde la VII Región hacia el norte, las plantaciones de pino y eucalipto bajarán su rendimiento por el aumento de la aridez. Pero a diferencia de las plantaciones forestales, en los cultivos anuales, también afectados por condiciones secas, los agricultores podrán cambiar sus estrategias de producción. "Si los inviernos se hacen menos fríos, será necesario adelantar las fechas de siembras para aprovechar mejor el agua de las lluvias", recalca Santibáñez. Y añade: "En los escenarios de mayor temperatura, será imperativo para Chile mejorar la seguridad de obras de riego y la eficiencia en el uso de agua". La parte buena Y habrá efectos benéficos en el centro-sur y sur del país. Con el aumento de la temperatura, serán posibles cultivos de especies que hoy sólo se dan en la zona central, como el maíz, la vid y las pomáceas (manzanas y peras). "De Toltén hacia el sur, salvo en los años que pudiera llover demasiado por el efecto de El Niño, el cambio climático no debería provocar efectos negativos", asegura el bioclimatólogo. El aumento de la temperatura también afectará cultivos de las vides. En el valle central, sufrirían deterioros. Pero, simultáneamente, mejorarán en las zonas costeras y precordillerana debido a brisas heladas. Sin embargo, el investigador afirma que la agricultura no tendrá tregua con los insectos, acomodados a las actuales condiciones ambientales. Modificarán su ciclo de vida, con repercusiones más negativas en las enfermedades que producen en las plantas. Se necesitarán más que agroquímicos. "Tendremos que anticiparnos con el control integrado de plagas, de manera que enemigos naturales de los insectos ayuden a la causa", destaca Santibáñez.
     
   
 

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