Cambio Climatico

Por si quedaba alguna duda sobre la urgente necesidad de combatir el cambio climático, dos informes publicados la semana pasada deberían alertar al mundo. Según los datos más recientes presentados a las Naciones Unidas, las emisiones de gases de efecto invernadero por parte de los principales países industrializados siguen aumentando. Por otra parte, en un estudio realizado por Sir Nicholas Stern, ex economista en jefe del Banco Mundial, se define el cambio climático como el fracaso del mercado más serio y amplio que jamás se haya conocido, capaz de hacer disminuir la economía mundial un 20% y de causar perturbaciones económicas y sociales comparables a las provocadas por las dos guerras mundiales y la Gran Depresión. Hoy en día, la comunidad científica está cada vez más convencida de que la situación es alarmante. Muchos científicos están advirtiendo ahora que el calentamiento de la Tierra ha alcanzado niveles tan extremos que se corre el peligro de provocar una reacción en cadena que podría arrastrarnos hasta un punto sin retorno. Un giro similar se está empezando a observar en los economistas. Algunos que hasta ahora habían sido escépticos están reconociendo que resultará mucho menos costoso reducir hoy las emisiones que adaptarse a las consecuencias en el futuro. Por su parte, las compañías aseguradoras han estado pagando indemnizaciones cada vez más importantes a los afectados por fenómenos meteorológicos extremos. Además, un número cada vez mayor de líderes empresariales e industriales han expresado preocupación por el cambio climático, que consideran un riesgo económico. Los pocos escépticos que siguen tratando de sembrar la duda deben ser vistos finalmente como lo que son: personas que se han quedado sin seguidores, sin argumentos y, prácticamente, sin tiempo. Esta semana se inauguró en Nairobi una importante conferencia de las Naciones Unidas sobre el cambio climático. Ciertamente hay mucho en juego. El cambio climático afecta profundamente al bienestar humano en casi todos sus aspectos, desde el empleo y la salud hasta la seguridad alimentaria, pasando por la paz nacional e internacional. Hasta que no reconozcamos el carácter global de esta amenaza, nuestra respuesta seguirá siendo insuficiente. Por otra parte, los argumentos catastrofistas destinados a infundir el miedo y obligar así a la acción suelen tener efectos contraproducentes. Debemos centrarnos no sólo en los peligros, sino también en las oportunidades asociadas a este fenómeno. Los mercados del carbono han alcanzado un volumen de aproximadamente 30 mil millones de dólares este año, pero su potencial sigue en gran parte sin ser explotado. El Protocolo de Kioto está en plena fase de aplicación, y comprende un mecanismo para el desarrollo limpio que podría generar 100 mil millones de dólares para los países en desarrollo. El estudio realizado por Stern sugiere que el mercado de los productos de energía de bajo contenido de carbono podría alcanzar un volumen de al menos 500 mil millones de dólares para el año 2050. Incluso hoy resulta sorprendente que no se haga un mayor uso de las tecnologías de eficiencia energética, cuando su aplicación tiene siempre resultados positivos. Las bajas emisiones no tienen por qué suponer un bajo crecimiento ni un freno para las aspiraciones de desarrollo de los países. Nuestros esfuerzos por impedir nuevas emisiones no deben hacernos olvidar la necesidad de adaptarnos al cambio climático, empresa que será de enorme envergadura. Los países más pobres del mundo, muchos de ellos en África, necesitarán ayuda de la comunidad internacional para no ver frustrados sus esfuerzos por alcanzar los objetivos de desarrollo del milenio. No obstante, aún no es tarde para que nuestras sociedades cambien de rumbo. No debemos tenerles miedo a los votantes, ni subestimar su disposición a hacer inversiones importantes y cambios a largo plazo. La gente está deseando hacer lo que haga falta para afrontar esta amenaza y pasar a un modelo de desarrollo más seguro y sensato. La conferencia de Nairobi puede y debe ser parte de esta creciente masa crítica. Debemos transmitir una señal clara y convincente de que las instancias políticas mundiales toman en serio el cambio climático. No se trata ya de aceptar o no el hecho del cambio climático, sino de saber si, ante esta emergencia, nosotros mismos podremos cambiar a tiempo. El Mercurio 09112006
     
   
 

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