Latinoamérica, ¿Arabia del etanol?

Entre ellos, el más importante es el dióxido de carbono, resultado del uso generalizado de combustibles fósiles para producir energía, como carbón o petróleo. Este último es de especial relevancia en el funcionamiento de los vehículos motorizados, uno de los pilares del modo de vida actual del planeta. De ahí el esfuerzo mundial por buscar alternativas a dichos combustibles. A este esfuerzo se ha incorporado incluso EE.UU.-pese a que aún se resiste a formar parte de los acuerdos de Kyoto-, y el Presidente Bush anunció que desea reducir en 20 por ciento el uso de derivados del petróleo para movilizar vehículos en el lapso de una década. Una de las tecnologías disponibles para eso es el uso de etanol a partir de maíz, que se puede adicionar a los derivados del petróleo o, si los motores están especialmente acondicionados, suplirlos totalmente. Brasil es el mayor productor mundial de etanol de maíz, lleva varias décadas produciéndolo y utilizándolo y tiene una geografía particularmente apropiada para expandir aún más su producción. Argentina también tiene condiciones para ello, y Chile ha sido mencionado como un lugar desde donde procesarlo y enviarlo a EE.UU. Por eso, algunos -algo rápidamente- han calificado a la región como la "Arabia" del etanol. Éste no es la única tecnología disponible para reemplazar al petróleo: otros productos agrícolas, aparte del maíz, permiten producir biocombustibles, como la remolacha; están los motores híbridos, que utilizan petróleo y electricidad, y los que emplean hidrógeno. Por otra parte, para producir energía eléctrica en general, los combustibles fósiles pueden ser reemplazados por energías renovables no convencionales -como la eólica, la solar, la geotérmica o la proveniente de las mareas-, o bien, por fuentes no renovables pero muy abundantes, como la nuclear. Los seres humanos han desarrollado el mejor discriminador que se conoce para decidir entre tantas opciones: el mercado, que determina, de acuerdo con los niveles de precios o de costos de ellas, la proporción de cada una que finalmente se utilice. Para el caso de la energía, esto es cierto en la medida en que las externalidades que dichas tecnologías causen estén incorporadas en los precios o costos. Por ejemplo, los combustibles fósiles aumentan el efecto invernadero; la energía nuclear genera residuos de difícil disposición final segura; los biocombustibles requieren agricultura extensiva en terrenos e intensiva en uso de pesticidas y consumo del suelo. Todos esos efectos deben ser considerados para que el precio de mercado resultante sea socialmente apropiado. Producir etanol de maíz origina tantos gases invernadero como quemar derivados de petróleo; por eso, se investiga producirlo de celulosa -de coronta de maíz, paja de granos o pastos-, lo que mitiga ese efecto. Los valores asignados exógenamente a dichas externalidades pueden distorsionar el resultado para favorecer una tecnología en contra de otra. Éste es un tema que acompañará a la humanidad durante las próximas décadas, en particular porque durante ellas se incorporará a los patrones de consumo del "primer mundo" una población superior a un tercio de la actual, y ella demandará requerimientos energéticos varias veces superiores a la cantidad de personas que eso representa. Nuestro país no escapa a los dilemas referidos. Las instancias gubernamentales y académicas deberían analizarlos sistemáticamente desde ya. El Mercurio 20/02/2007
     
   
 

© 2017 EcoTrust S.A. - Todos los derechos reservados.
Callao Nº 2970 - of. 501 Las Condes. Santiago- Chile.
Fono (56 2) 206 3111 - Email: ecotrust@ecotrust.cl
Desarrollado por HOSTING DCH.CL DCH Comunicaciones desde 1999.