Energía, ¿un futuro promisorio?

Entre los temas polémicos del momento destaca en estos días el de la energía. En particular, se discute si es una buena idea construir reactores nucleares de potencia en este país sísmico, si el riesgo de los desechos radiactivos o de un accidente en gran escala es grande o pequeño. El fondo de la discusión es la actual dependencia energética del exterior, la sensación de frustración ante el hecho de que países limítrofes arbitren el ritmo de nuestro consumo energético, como en cierta medida está ocurriendo. Se argumenta que el uso del recurso nuclear podría zafarnos de esta enojosa dependencia. Una curiosa ilusión, pues el país no posee relevantes yacimientos de uranio y el combustible igual habría que adquirirlo afuera. La discusión es importante y oportuna. Sin embargo, su abordaje ha sido incompleto. Ignora que en un tiempo no muy largo tanto el gas, el petróleo y sus derivados y el uranio útil a los reactores se van a agotar. Las estimaciones dan entre 40 y 120 años de plazo. Mucho antes de eso, la amenaza de escasez hará subir los precios, como ya lo estamos observando, volviendo competitivas otras fuentes de energía. Al momento de tomar decisiones es necesario que se tenga presente esta realidad. Durante décadas los países industrializados han gastado enormes cantidades de recursos en la búsqueda de fuentes alternativas de energía. Un ejemplo es el proceso de fusión nuclear, el que hace posible la radiación que nos llega del Sol y las estrellas. Su energía proviene de unir núcleos atómicos en vez de romperlos, como ocurre en el proceso de fisión usado en los reactores actuales. La idea es hacer un pequeño sol bien controlado, cuyo costo de producción y mantención sea menor que la energía útil que entrega. El desafío tecnológico para lograrlo es inmenso, y en él gobiernos y empresas -de otros países, por cierto- han invertido ya varios miles de millones de dólares. Principales actores en esta búsqueda han sido EE.UU., Japón, países de la comunidad europea y recientemente India, China y Corea. Es interesante notar que el combustible para la fusión nuclear se encuentra en el agua de mar y en los minerales de litio, abundantes en el norte de Chile. Hay muchas otras alternativas, largas de enumerar. En la mayoría de ellas la fuente original, sin embargo, es el Sol. Por ejemplo, el etanol proviene de cultivos agrícolas como el maíz o la caña de azúcar, fruto de la fotosíntesis que energiza la radiación solar. Sobre el 70% de los autos nuevos en Brasil viene equipado para usar etanol como alternativa a la gasolina. En 2005 EE.UU. produjo sobre 16 mil millones de litros de este combustible para el transporte. Otro ejemplo es la radiación solar directa, recurso interesante para nuestro país. Celebrando los 100 años de aportes fundamentales de Einstein a la ciencia, niños en 100 colegios distribuidos a lo largo y ancho del territorio nacional, incluida Isla de Pascua, participaron en un hermoso proyecto midiendo la radiación solar en sus escuelas durante la primavera del 2005. Los valores obtenidos muestran que la potencia al mediodía equivale a alrededor de 70 mil veces el requerimiento energético del país en alta demanda. Si se aprovechara íntegramente la radiación de un solo día de octubre, considerando la variación diurna, se cubrirían las necesidades energéticas de nueve años y cuatro meses. Hay países que se han puesto metas para el aprovechamiento de fuentes alternativas. Alemania incentiva fuertemente su desarrollo, esperando generar un 20% de su energía eléctrica hacia el 2020 a partir de esas fuentes. Países en desarrollo como los africanos también estimulan el uso de energía solar. En Kenia, por ejemplo, se venden 30 mil colectores de energía solar cada año. La producción de estas celdas a nivel mundial se ha triplicado en los últimos tres años. Sectores aislados hoy sin recursos energéticos, como Isla Mocha, por ejemplo, podrían beneficiarse de incentivos para la instalación de este recurso. En Chile nos hemos quedado atrás. Debieran concurrir políticas de corto y largo plazo, incluyendo inversión en investigación y desarrollo junto a un fuerte incentivo a empresas y particulares para la instalación y uso de fuentes alternativas. Si aprovechamos los recursos naturales en toda su diversidad, no es difícil imaginar un futuro no muy lejano en que sea nuestro país el que exporte energía. Entonces la polémica quizás se traslade a los países vecinos. Francisco Claro, Profesor Titular UC Editorial El Mercurio 2-03-2007
     
   
 

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