A favor de la ecología

Es difícil lograr calidez en una planta industrial. Sin embargo, gracias a la incorporación de maderas laminadas y tonalidades cafés, la almazara Olisur se aprecia noble y amigable.

Sobre suaves lomajes en el fundo San José de Marchigüe, en la zona de Rapel, su simple fisonomía evoca los rústicos galpones de campo que se ven en esa zona, hechos sólo con palos, donde se almacenan frutas, sacos y herramientas. Sin duda, esa arquitectura vernacular fue una imagen inspiradora para Guillermo Hevia, el arquitecto encargado de su ejecución, que ante todo asumió el compromiso de alterar lo menos posible el paisaje. El profesional además apostó por convertirlo en un proyecto "verde".

Se trata de un cuerpo de fibrocemento barnizado –muy resistente a la humedad y al fuerte sol de la zona– que imita madera, y que se extiende longitudinalmente en el sitio siguiendo pequeñas pendientes. "Aquí, en este volumen, se concentra la parte industrial; es una construcción que se va escalonando porque el proceso se realiza siguiendo la gravedad", explica. Se refiere a las distintas etapas por las que pasan las olivas: entrega, molienda, producción, acopio y despacho.

El cuerpo de oficinas se despega del principal por la cara norte evidenciando, a través de materiales como el vidrio y la madera, que se trata de un espacio que no tiene características industriales, sino que está armado a escala humana.

Ambos bloques –unidos por un pasillo con rampas– tienen interesantes características bioclimáticas, desde aspectos básicos como la existencia de grandes aleros que permiten controlar el soleamiento en las oficinas y en el sector de entrega del fruto, hasta la utilización de la geotermia en los recintos de producción para mantener agradables condiciones interiores todo el año.

La planta no utiliza luz artificial durante el día, haciendo más agradable la labor de los trabajadores. Esto, gracias a la existencia de ventanas de policarbonato en la zona más alta (tiene 15 metros de altura) que, ubicadas tras celosías metálicas negras, controlan la temperatura. Además, el techo fue rodeado de muros perimetrales cuyas rajaduras permiten que entre el viento y ventile esta fachada horizontal.

La zona de oficinas, por su parte, se refresca con métodos pasivos como una pileta de agua que provoca el enfriamiento por evaporación.

La construcción, de 2.800 m2, se inserta dentro de un óvalo de circulación vehicular, en medio de una plantación de olivos italianos y gramíneas ornamentales que no necesitan mucha agua para desarrollarse.

Con esta planta industrial la agricultura adhiere a la corriente sustentable tan importante en la actualidad.
     
   
 

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