Cuba quiere entrar al negocio del carbono

Cuba podría acceder al mercado de carbono, uno de los gases que recalientan la atmósfera, si mantiene constante su reforestación, que en los próximos 10 años llegará a cubrir con bosques casi 30 por ciento del territorio. Expertos consideran que la captura de dióxido de carbono (el principal gas de efecto invernadero) por la absorción de los árboles de bosques nuevos o en crecimiento es uno de los caminos menos onerosos para combatir el recalentamiento global, que ya está causando el llamado cambio climático. El costo estimado de las medidas para frenar y abatir la contaminación de gases invernadero (que atrapan el calor del sol en la atmósfera) es de dos por ciento del producto bruto mundial. El comercio de cuotas de carbono (comparables a permisos para contaminar) abre a naciones industrializadas la posibilidad de negociar con países del Sur en desarrollo el financiamiento de proyectos de forestación o de sustitución de combustibles fósiles por fuentes limpias, a cambio de esos certificados. Con la entrada en vigor del Protocolo de Kyoto el 16 de febrero de 2005, 30 países industrializados estarán obligados, entre 2008 y 2012, a reducir sus emisiones de gases invernadero hasta 5,2 por ciento por debajo de los volúmenes que producían en 1990. Tendrá entonces plena vigencia el mercado internacional del carbono, que está generando negocios y profesiones totalmente nuevas, como las consultoras de dióxido de carbono, los corredores de operaciones de compraventa de contaminación y los verificadores de emisiones. Estas variantes, comprendidas en lo que el Protocolo de Kyoto llama ”mecanismos de flexibilización” están concebidas para ayudar a los países ricos y sus industrias a cumplir sus obligaciones sin reducir necesariamente todas sus emisiones ”en casa”. Fuentes especializadas dijeron a IPS que Cuba ha preparado bases de datos y capacitado personal para establecer programas de reforestación, pero hasta el momento no ha presentado proyectos concretos para ese mercado. Para algunos analistas, Kyoto puede generar interesantes oportunidades de negocio relacionadas con el desarrollo de tecnologías más eficientes y menos contaminantes, combustibles limpios y energías renovables. Sin embargo, especialistas cubanos no parecen muy entusiasmados y alertan que el mercado del carbono no es una solución real a los problemas ambientales, sino sólo ”una negociación” del problema. ”De forma global se mantienen las emisiones”, dijo en entrevista a medios cubanos de prensa el investigador titular del Instituto de Investigaciones Forestales de Cuba, Arnaldo Brito. El experto advirtió, además, que esa negociación no sería fácil e implica una preparación, un balance económico preciso, para que al final el país salga ganando y no perdiendo. Críticas más agudas al comercio de carbono han efectuado algunas organizaciones no gubernamentales. ”El creciente mercado de carbono se ha convertido en una falsa solución a la crisis del cambio climático”, dijeron el jueves organizaciones ambientalistas que participan en Buenos Aires de la Décima Conferencia de las Partes de la Convención Marco sobre el Cambio Climático. ”Intereses poderosos se han apropiado del debate sobre el clima y lo están encaminando hacia el mercado libre y los intereses corporativos, poniendo en peligro el planeta”, afirmó la Red Ambientalista Indígena. Según cifras oficiales, el total de emisiones cubanas de gases invernadero era en 1990 de 13.700 toneladas, mientras en 1994 se registró un efecto contrario, equivalente a una absorción neta de gases de 2.800 toneladas. Simultáneamente, se registró un crecimiento del nivel de mar sobre las costas cubanas debido al derretimiento de glaciares por aumento de la temperatura global. El país pasó, involuntariamente, de emitir a absorber gases invernadero por una profunda recesión económica y una contracción productiva de 45 por ciento, a partir de la disolución en 1991 de la Unión Soviética, su principal socio económico. El impacto de la crisis se sintió fuertemente en sectores económicos fundamentales como la industria azucarera y en otros de gran emisión de gases, como la generación de electricidad, la industria siderúrgica, la construcción, el transporte y la extracción y procesamiento de níquel. Sin embargo, un estudio especializado concluye que esa disminución es también resultado de una política energética más eficiente y con mejor uso de fuentes nacionales de energía. Además del conjunto de medidas adoptadas en materia energética, un programa de desarrollo hasta 2015 presentado este año por el sector forestal prevé aumentar las plantaciones maderables, llevando a 29,3 por ciento del territorio la superficie boscosa del país, que actualmente es de 23,4 por ciento. La superficie forestal total del país es de 2.572.000 hectáreas, y deberá aumentar a 3.254.700 hectáreas en 2015. Con la mira en tales objetivos, el gobierno cubano traspasó al fondo forestal numerosas fincas que estaban dedicadas a la explotación de la caña de azúcar, café, ganadería y cultivos varios, pero de bajos rendimientos debido a sus suelos no aptos. Los planes incluyen la siembra de árboles frutales y maderables en más de medio millón de hectáreas pertenecientes al sector azucarero, reconvertido en 2002 para ubicar su producción en no más de cuatro millones de toneladas de azúcar por año. La reforestación en el Sur en desarrollo para crear sumideros de carbono (bosques jóvenes que absorben gran cantidad de carbono) es una oportunidad rentable para las naciones del Norte industrial, según la investigación de un especialista costarricense en la estadounidense Universidad de Harvard. El estudio del ex ministro de Ambiente de Costa Rica, René Castro, publicado en octubre por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, demuestra que crear sumideros en el Norte es más costoso que en el Sur. La inversión para sembrar árboles en Estados Unidos que absorban gases invernadero asciende a cien dólares por tonelada de carbono, mientras en Costa Rica su costo sería de la mitad, según esa investigación. Este aspecto también fue criticado en la conferencia de Buenos Aires. Estos mecanismos ”han permitido a los países del Norte evadir los límites de sus emisiones de carbono ya comprometidos, mediante la instalación de proyectos en países del Sur, incluyendo baratos sumideros de carbono como las plantaciones de árboles a gran escala”, dijeron el jueves el Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales y el Instituto de Estudios Políticos (Institute for Policy Studies), con sede en Estados Unidos. Estas organizaciones son contrarias a las plantaciones de monocultivos forestales a gran escala, por su impacto en los ecosistemas autóctonos. Por su condición insular, Cuba figura entre los países más vulnerables al cambio climático global provocado por el recalentamiento, algunos de cuyos efectos son la elevación del nivel del mar, desastres naturales más intensos y frecuentes y sequías prolongadas. http://www.ipsnoticias.net/
     
   
 

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